martes, 11 de junio de 2013

Gratuidad en la Educación: ¿una donación estatal, una inversión?

Dos artículos el primero a favor de una gratuidad universal y el otro contradiciéndolo, han salido en el mostrador, pero ambos hablan de la educación como un beneficio o financiado por el estado en igualdad de condiciones o el otro financiado solo a quienes no lo pueden hacer. La discusión centrada en la estructura impositiva y su  calidad justa y regresiva en uno u otra opción muestra, a mi juicio uno de los principales problemas en la discusión de la educación nacional: Esta se ha centrado en su financiamiento, reduciéndola a un producto, social, de impacto público o privado al cual puede acceder un ciudadano para mejorar su vivir individual.
Sin embargo la educación no es un bien del sujeto o un privilegio, es una necesidad de estado, de sociedad, en la cual mientras más educada (no especialidad) es una persona permite construir una convivencia de calidad en que todos y cada uno de nosotros aceptamos a los otros como sujetos válidos y dignos. Albert Einstein señalaba que aquellos países que basaran su economía en la exportación de materias primas y no cuidaran su producción de conocimiento no podrían mantener su cultura. Situación que se refrenda hoy en chile, donde vamos de shopping y coffe break, y donde, señalara antes, un importante centro de la universidad de Chile, tiene su sitio web en ingles, no en español. Es decir, fortalecer el acceso a la educación no es un tema de beneficio a la persona, es un tema independencia y autonomía del país.
Seguir discutiendo desde economistas que asumen una realidad inmutable mantendrá el estado actual de las cosas. Los cambios en educación no son un asunto de ajuste o clarificación de impuestos o de repartición de los dineros del estado. Es un asunto de pensar que sociedad queremos y entender que los cambios se producirán a lo menos en 19 años cuando un estudiante que ingrese a kínder, viva todo el ciclo de formación. Argumentar que hoy los más ricos acceden a la educación superior y por eso no  financiarla, es asumir que eso siempre será así. Entonces necesitamos un acuerdo político, no económico el cual ponga en el horizonte la meta que cada uno de las personas que vive en chile, pueda desarrollar al máximo sus intereses y capacidades, y eso pasa por no colocar el financiamiento como una variable en el camino de cada ciudadano.

Los beneficios de esta inversión del estado, el cual entendemos siempre debe ser financiado por todos los chilenos, será un país más autónomo, más educado y en el cual la solución a nuestros problemas las podremos construir nosotros (en castellano) y no deberemos contratar externos para ello. Así que la respuesta inicial me inclino por ninguna de las anteriores, pues el tema educativo no debe ser decidido en torno a criterios económicos, sino que en torno a criterios de desarrollo humano, y luego poner la economía al servicio del camino para alcanzar esas metas.

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