Sin embargo la educación no es un
bien del sujeto o un privilegio, es una necesidad de estado, de sociedad, en la
cual mientras más educada (no especialidad) es una persona permite construir
una convivencia de calidad en que todos y cada uno de nosotros aceptamos a los
otros como sujetos válidos y dignos. Albert Einstein señalaba que aquellos países
que basaran su economía en la exportación de materias primas y no cuidaran su producción
de conocimiento no podrían mantener su cultura. Situación que se refrenda hoy en
chile, donde vamos de shopping y coffe break, y donde, señalara antes, un
importante centro de la universidad de Chile, tiene su sitio web en ingles, no
en español. Es decir, fortalecer el acceso a la educación no es un tema de
beneficio a la persona, es un tema independencia y autonomía del país.
Seguir discutiendo desde
economistas que asumen una realidad inmutable mantendrá el estado actual de las
cosas. Los cambios en educación no son un asunto de ajuste o clarificación de
impuestos o de repartición de los dineros del estado. Es un asunto de pensar
que sociedad queremos y entender que los cambios se producirán a lo menos en 19
años cuando un estudiante que ingrese a kínder, viva todo el ciclo de
formación. Argumentar que hoy los más ricos acceden a la educación superior y
por eso no financiarla, es asumir que
eso siempre será así. Entonces necesitamos un acuerdo político, no económico el
cual ponga en el horizonte la meta que cada uno de las personas que vive en
chile, pueda desarrollar al máximo sus intereses y capacidades, y eso pasa por no
colocar el financiamiento como una variable en el camino de cada ciudadano.
Los beneficios de esta inversión
del estado, el cual entendemos siempre debe ser financiado por todos los
chilenos, será un país más autónomo, más educado y en el cual la solución a
nuestros problemas las podremos construir nosotros (en castellano) y no
deberemos contratar externos para ello. Así que la respuesta inicial me inclino
por ninguna de las anteriores, pues el tema educativo no debe ser decidido en
torno a criterios económicos, sino que en torno a criterios de desarrollo humano,
y luego poner la economía al servicio del camino para alcanzar esas metas.
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