“Mientras
tanto, observadores de la ONU y oposición cuestionan la legitimidad moral de la
aplicación de la Ley Antiterrorista, poniendo en riesgo la vida, la propiedad
y, por sobre todo, el derecho inalienable de comer pernil y arrollado.” TERESA
MARINOVIC, el mostrador 14/08/2013
Esta columnista del Diario el Mostrador y del Diario
Las últimas noticias, cierra una columna sobre la crisis mapuche con el párrafo
que inicia este escrito. De modo claro
coloca al derecho de satisfacer la gula por sobre los demás, exigiendo en
consecuencia que el estado de Chile coloque todos y cada uno de sus recursos a
asegurar que se pueda ejercer ese derecho.
Pero vamos a mirar quienes pueden ejercer ese
derecho. Primero es el cruel mercado el que ha ido colocando los lugares de
comida sabrosa en los cuales, los ciudadanos puedan ejercer ese derecho. Estos locales
no darán los sabrosos manjares a quien requiera ejercer el derecho a comer
pernil y arrollado, sino, lo darán solo
a quienes tengan dinero para poder acceder a él. Entonces, lo que pide al
estado es el privilegio “inalienable” de quienes tienen el dinero a satisfacer
su gula, y por extensión, sus deseos donde y cuando lo deseen, por sobre la
pobreza, por sobre los derechos humanos, por sobre el otro.
Es una vida simple la que concibe esta filosofa, en
la cual el mercado, el dinero, o el capital (perdonen los filósofos por esta
simplificación) van a configurar las posibilidades de cada quien y desde ahí cada
uno de nosotros tendrá que asumir y obedecer este mercado. Entonces el derecho
inalienable será poder ejercer ese privilegio en todo momento, sin obligación
con quienes, por incapacidad propia (nunca por las condiciones en las que tiene
que crecer y desarrollarse) no alcanzan los bienes económicos para satisfacer
esos derechos.
En el fondo la filosofía es simple, si yo tengo dinero, tengo el privilegio de gastar
donde quiera. Si tú no tienes y tienes hambre, es por tu culpa o la de tu papa.
Ese es el derecho inalienable que ella defiende, el de la exclusión, de la
individualidad, del privilegio y exige al estado que haga cumplir ello.
En si no hay un problema serio en que ella tenga
esas ideas, lo grave es que el estado tiene las mismas, impuestas en un orden
legal y político impuesto por quienes comparten esas ideas. Por tanto la acción
política ha estado regida por esa visión. Así, el pedido de Teresa para terminar con la
ineficiencia de un ejecutivo que no ha sabido garantizar su derecho inalienable
de satisfacer sus deseos por sobre los demás.
Es una filosofía de
exclusión y de discriminación, que al estar impuesta por más de 30 años ha
construido un país en el cual, Teresa no se escandaliza que el 60% de Chilenos,
tengan una calidad de vida peor que en Somalia, sino que se escandaliza por no poder
acceder a su arrollado y su pernil. Y si para ello se requiere aplicar una ley
que excluye a los demás de derechos humanos, como señalas organismos que
comparten al mercado como modelo económico, no hay problema, pues la vida; la
integridad personal; la igualdad; la libertad; el honor; la vida privada y la
información; Derechos políticos; la administración de justicia; entre
otros quedan un peldaño más bajo que su inalienable derecho a satisfacer los
caprichos que su poder económico le permite acceder.
En síntesis, lo grave de su opinión, es que es una síntesis de como esta
ordenado el contrato social en este país y eso es la mayor violación de los
derechos humanos que se ha perpetuado desde la dictadora, y mientras eso no se
cambie, no habrá concluido la transición.
Este cambio no se produce, solo en la redacción de un nueva constitución, sino en que los procesos educativos comiencen la enseñanza de los derechos inalienables, es decir, los derechos humanos. Como hacemos eso, hay que construirlo, pero si en el ministerio de educación siguen liderando economistas o ingenieros formados para el mercado y no para la formación del ser humano estará difícil cambiarlo